Lo admito: estuve colgada del cable. Fue sin querer, mi pololo hizo unos experimentos en mi tele y, por un tiempo, pude ver canales tan maravillosos como Utilísima o Fashion TV sin pagar un centavo por unos pocos días (espero no tener problemas legales por esta declaración).
Era un domingo de febrero cuando encendí mi súper tele y detuve el zapping en la bloody BBC. Cuál sería mi sorpresa al ver a tres niñitos adorables hablando en hindi y felices jugando en una especie de vertedero: eran los niños-genio que aparecían en Slumdog Millionaire, la peli que había visto el día anterior.
Era el día de los Oscar y, al parecer, los british presentían el éxito de esta producción. Se prepararon y le dieron como bombo en fiesta al temita, Slumdog Millionaire aquí y allá… E hicieron una nota sobre los niños actores. Sí, inconfundiblemente eran de la India, pero jamás me imaginé que el director los había ido a buscar a la zona más pobre de Bombay (no Mumbai, como quieren llamarle ahora los snobs), con tan buen ojo que sacó a tres genios: un histrionismo que se lo querría cualquier actor profesional.
Reconozco que algo pasó en mi estómago cuando el colorín periodista entrevistó al padre de uno de los chicos, que yacía en una especie de carpa naranja. ¿Qué pasó con el dinero de la película? El tipo, al parecer borracho, respondió: “Gone, gone”, haciendo grandes muecas y gestos con los brazos. No les quedaba una rupia.
Pero más allá de la irritante anécdota, huelga decir que me parecieron bastante justas todas las alabanzas y estatuillas que se llevó Slumdog Millionaire. En otras palabras, se entiende por qué le ganó a El curioso caso de Benjamín Button. Una película romántica y ágil, con una narrativa interesante, que no muestra una India llena de clichés, con el puntito en la frente y el Kamasutra en cada esquina, sino un país mixturado, híbrido. Es, por sobre todo, creíble.
El director Danny Boyle muestra sin pudores la pobreza y la bajeza con que se opera cuando de dinero se trata. Y las actuaciones de altísimo nivel, sobre todo los malos, aunque debo decir que no me agrada mucho Dev Patel (Yamal, el protagonista): lo vi en una entrevista y me parece un ‘hiperventilado’.
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Y como dato: Dev Patel jamás había puesto un pie sobre la India, si bien sus padres son de allá. El chiquillo es más británico que el fish & chips o el Big Ben
PS.: de pronto, sin previo aviso, no pude ver más el cable en mi TV.
sábado, 11 de abril de 2009
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