domingo, 24 de mayo de 2009

Web 2.0: Aquí mando yo

domingo, 24 de mayo de 2009 0


El dominio del logos, el discurso, siempre fue marca de poder. Para los griegos antiguos, quien detentaba la palabra era alguien superior, una autoridad que tenía la gracia de manifestarse y, con ello, manipular a quien lo escucha. Pasó el tiempo y las cosas no variaron demasiado –salvo honrosas pero catastróficas excepciones- hasta que llegó el mesías de los mudos: la Web 2.0.


A diferencia de los primeros pasos de la red, donde se replicaba el modelo oligárquico de la posesión del discurso y solo unos pocos podían publicar -las páginas eran prácticamente inmóviles y sin retroalimentación-, la Web 2.0 viene a democratizar el flujo informativo como nunca antes en la historia.

Con sus aplicaciones paradigmáticas, tales como programas de conversación, redes sociales, páginas estilo Wiki, blogs, la Web 2.0 libera la palabra y su difusión de manera que cualquiera pueda hacerse de ella, sin diferencias de clase, estatus o poder. Ni hablar de la velocidad de vértigo y la reducción de gasto en llamadas internacionales.


Pero no todo es miel sobre hojuelas. Internet es, actualmente, una herramienta elitista. Sí, es necesario poseer un computador conectado a la red para disfrutar de sus beneficios y, según estadísticas, tan solo un 20% de la población mundial tendría acceso a ella en sus casas.


No obstante, es un gran paso; el sencillo hecho de que yo pueda plasmar mi opinión en este blog, al que pueden acceder personas de todo el mundo, me hace poseedora de una cualidad que, no hace mucho, era impensable: compartir mis ideas en un "lugar" propio, de libre acceso. Yo edito, yo escribo de lo que se me dé la gana, yo hiperlinkeo, yo me entero de lo que la prensa tradicional me oculta... aquí mando yo, y solo me supedito a los comentarios generosos de mis seguidores -lo que acentúa la vocación colaborativa de esta forma de mirar la Web.


Tenemos voz, señores, y es hora de usarla. Que no nos evangelicen, ¡a conversar, a publicar como locos!

lunes, 11 de mayo de 2009

¿La culpa no es del chancho?

lunes, 11 de mayo de 2009 0
Cuando la crisis azota de manera tan fuerte, miramos al cielo pidiendo explicación, ¿por qué a nosotros? En estos contextos, donde además de la debacle económica el mundo enfrenta una supuesta pandemia, todos tenemos alguna teoría: que maquinaciones capitalistas, que castigo divino, que selección natural, que cortina de humo...

La Ecología tiene mucho que decir al respecto, cuando todo parece apuntar a que nuestros amigos marranos son los responsables de que ya sean 46 los países donde se ha presentado el H1N1 -como prefieren llamar algunos al virus para hacernos comprar salchichas sin temor.

Pilar Galindo, representante de grupo ecológico GEA España, salió a defender a los vapuleados chanchitos: “Nadie habla de lo más importante en esta crisis, la aglomeración insana de miles y miles de animales en naves y comederos, chapoteando en sus propios excrementos”.

Este hacinamiento sería, entonces, perfecto caldo de cultivo para tales virus asesinos que, con justa razón, se volcaron en nuestra contra. Si seguimos así, probablemente terminaremos con tres ojos y cuatro brazos o, en el mejor de los casos, mutaremos como los X-Men.

De todas maneras, esto no es nuevo. Ya en 2003, la propia FAO advirtió este panorama, sin que se le prestara mayor atención: “El riesgo de transmisión de enfermedades desde los animales a las personas será mayor en el futuro, debido al crecimiento de la población humana y la población pecuaria (...) al surgimiento de redes agroalimentarias mundiales y a un considerable aumento de la movilidad de las personas y los bienes”.

Así las cosas, parece que la culpa no es del chancho sino de quien no le da afrecho…

Para terminar, los dejo con un vídeo británico que relata la "miserable realidad de la vida de un chancho" en distintos países de la Unión Europea. Si no entiendes inglés no importa, basta con las imágenes para entender que ahí puede mutar cualquier cosa, y para que no te den ganas de comer tocino nunca más. Enjoy!



 
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